Los aranceles actúan en forma de impuestos a los consumidores o a las empresas.

Montaigne escribió aquello de que “hay tanta diferencia entre nosotros y nosotros mismos como entre nosotros y los demás”.  La política muchas veces busca confundir este axioma y enfrentarnos “a los demás” con el racional ánimo de movilizar al irracional tribalismo.

La actual administración presidencial de los EEUU ha declarado el 2 de abril de 2025 como el “Día de la Liberación”.  Conviene recordar los supuestos detrás de esta afirmación, para luego validarlos o invalidarlos, siguiendo nuestro conocimiento y raciocinio.

Desde la guerra de Vietnam, los EEUU fueron progresivamente empeorando su balanza comercial.  Parte del motivo fue la demanda agregada generada por el gasto militar ligado a dicha guerra, guerra que buscaba, entre otras cosas, “contener al comunismo”.  La situación económica acabó degenerándose, hasta el punto de que Nixon tuvo que abandonar “temporalmente” el patrón oro en la conversión de divisas internacionales en 1971 (entonces una onza de oro valía 35 dólares, hoy, a unos 3200), y aprobar heterodoxas medidas como el control de precios y salarios, medidas que, por supuesto, no funcionaron.

El dólar se había convertido en la divisa de reserva mundial, según los acuerdos de Bretton Woods de 1945, ligado a su convertibilidad en oro.  A pesar de su “suspensión”, el dólar siguió siendo la divisa fundamental para el comercio y las transacciones internacionales, debido a la profundidad de su mercado de capitales.  Este “exorbitante privilegio” permitió a los EEUU atraer capital extranjero y financiarse a un coste inferior al de otros países, lo que explicó en parte la mayor propensión al consumo de los norteamericanos frente a europeos o a asiáticos, con más inclinación al ahorro.  De esta identidad surge que los EEUU acaban manteniendo un déficit de cuenta corriente con el resto del mundo.  La teórica cura, una fuerte reducción del consumo, supondría una intensa recesión.  

Desde finales de los setenta, además, la tecnología contribuyó a reducir la mano de obra fabril.  Fue la tecnología, y no China, el principal factor asociado a la reducción de estos puestos de trabajo en los EEUU y en Europa, lo que alienó a una parte de la clase media, que se vio desplazada por esta substitución.

Como al cerebro humano le gustan las soluciones mágicas a los problemas complejos, los aranceles (tarifas) se han presentado como dicho elixir.  Según la campaña electoral, los aranceles permiten reganar los puestos de trabajo perdidos, equilibrar el comercio estadounidense y recaudar ingresos hasta el punto, se afirmó, “de no tener que pagar impuestos sobre la renta”.

Ideas muy bonitas… pero falaces.  Los puestos de trabajo no se recuperarán por la sencilla razón de que su demanda depende de la productividad de un humano frente a la productividad de una máquina, y la evolución es devastadora.  Además, los diferenciales de costes laborales entre los EEUU y países como México o China son tan enormes que no resulta creíble que se pueda relocalizar una actividad manufacturera relevante.

El comercio de bienes no se equilibrará, en parte debido a los referidos diferenciales en los costes laborales, y en parte por las diferentes tendencias al ahorro y al consumo, también explicadas por factores demográficos.  Resulta incompatible mantener al dólar como reserva mundial, mantener salarios elevados y, al mismo tiempo, aspirar a generar superávit de cuenta corriente con el resto del mundo.

El substituir impuestos sobre la renta con aranceles es la falacia más intensa.  Los aranceles actúan en forma de impuestos a los consumidores o a las empresas que tienen que adquirir los productos intermedios, luego una eventual recaudación de dinero por aranceles se compensa automáticamente en forma del impuesto encubierto que supone el arancel en forma de mayores precios.  La idea de que pueda substituir al impuesto sobre la renta es también falaz… la Administración ha calculado que en un escenario optimista “recaudaría” 0,7 billones de dólares, frente a los 2,4 que genera el impuesto sobre la renta.

Desde 1982, los EEUU han mantenido déficits de cuenta corriente con el resto del mundo, lo que se ha traducido en una cuenta de capital positiva —el resto del mundo invierte más en el país de lo que este invierte fuera—, además de haber propiciado una atracción de talento sin precedentes.  El resultado ha sido un crecimiento de la productividad y de la renta per cápita mayor que el de los supuestos competidores (la renta per cápita ha crecido en los EEUU al 1,8% desde entonces, un 20% más anualmente que en Japón o en Alemania), lo que ha cimentado el liderazgo de EEUU, hasta la fecha.

Ante las enormes dudas legales que además suscitan los aranceles (cuya aprobación corresponde al Congreso, salvo en caso de emergencia nacional), el presidente invocó una máxima atribuida a Napoleón: “el que salva a su país no viola ninguna ley”.  Otra máxima irracional muy ligada al pensamiento ultraconservador dominante en los EEUU, pensamiento en ocasiones irracional que, por cierto, tiene orígenes europeos.  

Ya veremos si la razón, o la sinrazón, explican mejor si el 2 de abril de 2025 y el intenso daño que la “liberación” está provocando al crecimiento de los EEUU genera libertad.  

La libertad de la falacia.